Una feminista en la corte del Rey Arturo

El 8 de marzo ya parece quedar lejos, al menos la sensación de poder, de cambio y de haber hecho historia ya ha abandonado mi cuerpo. Pero permitámonos recordarlo de nuevo… ¡qué día el 8 de marzo de 2018! ¡Qué suerte haberlo vivido!

Ahora toca el ¿y ahora qué? Para tener una valoración general, aconsejo leer el artículo de nuestra querida Justa Montero en CTXT. Pero no es de esto de lo que quiero hablar aquí. Quiero compartiros una de mis vivencias post 8 de marzo, que me hizo bajar los pies a la tierra y abandonar el estado de flotación en el que vivía.

El 13 de marzo, en el marco de un programa de formación en el que está participando Calala, dimos con nuestros huesos en la sede central del Banc Sabadell, donde íbamos a encontrarnos con mentores (profesionales de diferentes áreas del banco) que nos iban a aconsejar sobre nuestros proyectos. Nuestros proyectos, el de Calala, y el de otras 20 fundaciones y organizaciones sin ánimo de lucro.

El día anterior nos habíamos encontrado entre nosotras, nos habíamos presentado y habíamos compartido nuestras expectativas y estados de ánimo. Yo no dudé en nombrar el subidón post 8M y todas las personas allá presentes sonrieron y mostraron gestos de complicidad.

Así que el 13 de Marzo, cuando tenía que hacer una presentación de Calala ante los mentores del Banc Sabadell, me vi en la obligación de hablar de la Huelga General que acabábamos de vivir. Imaginaos, mentores en su mayoría hombres con traje de chaqueta. Justo en frente de mí, el mentor senior, 30 años de experiencia en el Banco.

Presenté Calala, nuestra misión, la necesidad de que los derechos humanos y los ODS se cumplan tanto para hombres y mujeres, la necesidad de acabar con la desigualdad de género, y, comenzó a temblarme la voz, la necesidad de apoyar al movimiento feminista, que el 8 de marzo salió a la calle y que fue capaz de montar toda una huelga general.

Silencio sepulcral, ni una sola sonrisa ni gesto de complicidad. Glups. Incluso alguna mirada expresando ¿cómo se ha colado esta aquí? Acabé mi presentación temblando. Cómo me impone la imagen del poder representada en un hombre, de edad, y vestido con traje de chaqueta. Finalmente me dije que eso era justo lo que me tocaba hacer un día como ese en un espacio como ese.

 

María Palomares Arenas

2 Responses

  1. A. urzelai

    Muchas gracias María por compartir tus vivencias. Me he sentido perfectamente reflejada en tu historia; los contextos fueron distintos, pero las sensaciones muy similares. Resulta frustrante sentir que cuando te diriges a un grupo de hombres poderosos en su actividad laboral con un discurso que introduce la perspectiva de género, se sorprenden. Te observan con extrañeza; hacen obvio su desinterés por lo que dices centrándose, premeditamdamente, en lecturas o conversaciones entre ellos; llegan a intentar interrumpirte de una manera “graciosa”, o, simplemente, ignoran tus palabras en los debates, como si no las hubiera pronunciado… Y sí, tiembla la voz, o todo el cuerpo, sobre todo cuando no tienes cómplices en el grupo… Pero María, estabas en el Banco Sabadell ¿ era realista esperar otra cosa? Sí, quizás era eso lo que te tocaba hacer, pero ¿y la posibilidad de no ir? Me resulta bastante contradictorio que profesionales de esas características tengan algo que decir a las ONG o a Calala. Me lo pensaría… Un abrazo.

    1. calala-admin

      Querida Arantzazu, gracias por tu comentario. Sí, qué hacíamos en el Banc Sabadell, es una buena pregunta, y en Calala estamos en el debate de si colaborar y su caso, cómo, con empresas. Decirte que finalmente acabamos con un chico joven que lleva temas de comunicación en el banco, que aprendió mucho de feminismo 😉

Leave a Reply